Ayer tuve oportunidad de volver a ver la película "Cortina Rasgada", rodada por Alfred Hitchcock en el vetusto año de 1966 -año de mi llegada a este mundo, así que calculen ustedes con quién se las gastan :)-. Protagonizada por Paul Newman y Julie Andrews yo ya había visto esta película en muchas otras ocasiones, pero creo que nunca había prestado la atención que presté ayer, cuando, he de reconocerlo, disfruté de lo lindo.
Quien no la haya visto puede consultar aquí algunos datos sobre ella, y de paso correr a comprarla si la encuentra.

Mi opinión es que hay una cosa que no soporto en la película y muchas que me han encantado. No soporto la cara de la Andrews, que se pasa casi toda la película con gesto de ir a echarse a llorar de un momento a otro (no lo puedo soportar, nunca me ha caído bien esta mujer, ni siquiera cuando hacía de Mary Poppins), y me han encantado los decorados, la música, Paul Newman, la caracterización del "malo" y el suspense que rebosa en todo momento. ¿Los decorados, dice usted? sí, los decorados. Esta película fue rodada en su totalidad en interiores, en Estados Unidos, pero recrea lugares y rincones de Berlín y lo hace de una manera que ahora nos parece graciosa pero que sin lugar a dudas es espléndida. Uno sabe perfectamente cuando, por ejemplo, se ve a Paul Newman llegar al Museo de Berlín, que está llegando a un decorado, y se nota muchísimo -de hecho ahora al verlo diríamos aquello de "¡vaya decorado más malo!"- . Se ve a la legua que es cartón piedra y que nos están mintiendo, pero es precisamente esa falta de perfección, ese cartón piedra "de época" y la manera que tiene Hitchcock de conseguir que el espectador se olvide de los decorados y de elementos secundarios para preocuparse sólo de la trama lo que convierte esta película en una obra maestra, o por lo menos así la califico yo, en mi humilde y no muy especializada opinión, aunque sólo sea por la escena en la que Newman tiene que quitarse de encima al guardaespaldas-vigilante que le han encajado desde su llegada a Berlín Oriental y que en el fondo no es sino un remedo de Edward G.Robinson. Dicha escena, en la que con la ayuda de su contacto Newman se enfrenta al sujeto en cuestión y pelean hasta conseguir introducir la cabeza del malo en el horno, es de las más emocionantes que he visto. Y todo ello con unos movimientos de cámara, unos sonidos -sin música, sólo se escuchan los jadeos, casi lo sudores de Newman y el otro, la incertidumbre por el taxista que aguarda en el exterior- y un suspense inigualables.

Para quien no la haya visto, la recomiendo. Reúne una historia de espías de los de antes, telones de acero y guerras frías. Reúne también ráfagas de la misoginia, las manías, la ironía y la crueldad del mejor Hitchcock. Aun hoy, tantos años después, engancha como el primer día, e incluye la consabida aparición breve del director, claro está :).

Cuando terminé de verla, y mientras reflexionaba en ese momento mágico que precede al sueño, recordé el título de un blog que circula por aquí y que en ocasiones visito. Se llama, creo, "A veces veo películas" (por cierto, desconozco la URL de este blog que menciono, pero si alguien la conoce agradecería me la ponga en un comentario para poder poner un link al blog desde este artículo). Y lo mismo pensé yo, que a veces -aunque muy pocas dada la calidad de la oferta televisiva-, a veces veo PELÍCULAS.