Matrimonio homosexual, adopción...¿sí?, ¿no?

En la calle, en la oficina, en las emisoras de radio, en las televisiones, se comenta de todo, y en muy diferentes sentidos y tonos, acerca de la aprobación por parte del Congreso de la ley que permite el matrimonio entre homosexuales y la adpción.
A mí la impresión que me produce todo esto es que hay demasiada crispación por ambas partes y mucha pataleta también. Por un lado tenemos a una oposición, encabezada por el PP, que últimamente con tanta pancarta y tanta manifa parece que le está cogiendo gusto a lo de protestar, pero que está corriendo graves riesgos y se está radicalizando aún más que cuando estaban en el poder. Tengo la sensación de que con todo este asunto y otros anteriores lo que está propiciándose es que afloren los elementos más ultras, más derechosos y más peligrosos de entre el amplio espectro que se aglutina bajo las siglas del PP, que cobija bajo sus siglas a una gran parte de electorado de centro que no sé hasta qué punto puede sentirse a gusto con los aires que corren en la dirección actual del partido. De hecho todavía me pregunto cómo es posible que elementos como Zaplana, Acebes, etc, sigan ahí, pero eso será motivo de comentario en otro post y otro día.
Que el PP esté en contra de la ley aprobada no es nada novedoso, lo novedoso sería lo contrario, pero que se prime la inquina contra los colectivos homosexuales por encima del respeto que se debería tener a las diferentes opciones sexuales no me parece bien, menos cuando dentro del mismo partido popular existe un colectivo homosexual relativamente importante que ya ha dicho varias cosas al respecto y que ha tenido que sufrir las desautorizaciones públicas por parte de dirigentes del partido.
Por otra parte, el gobierno del PSOE parece estar más preocupado por estar siempre "a la última". Me explico. Quisieron ser los primeros en votar el referéndum de la Constitución Europea, y así nos ha ido que ahora tenemos que contemplar los toros desde la barrera a la espera de lo que nuestros vecinos decidan. Pero se trataba de ser “los primeros de la clase”, aunque fuera con una participación que considero escasísima en relación a la importancia de lo que se decidía. En mi opinión en aquella cita electoral faltaron información, tiempo, reflexión, espera, y razones que nos permitieran acudir a ella debidamente equipados. Ojo, y eso que voté. Con el asunto que hoy nos preocupa parece que también ha contado más el hecho de ser uno de los países más “modelnos” del mundo mundial con esto de los matrimonios homosexuales. Ayer ZP parecía casi lamentarse de que Canadá se nos hubiera adelantado la víspera. No se trata de correr para contentar a esa parte del electorado de izquierdas que arrastraron a su nave el 14M, sino de hacer las cosas bien, no vaya a ser que queriendo atraer a los conversos los nacidos dentro de casa se vean agobiados y mareados por las repentinas prisas que trae consigo la modernidad más moderna.
Personalmente, si mi hijo o mi hija me vinieran un día diciendo que son homosexuales y manifestaran su deseo de casarse, no puedo ocultar que me llevaría un disgusto, y gordo, además. Pero también creo que toda persona tiene derecho a ser feliz, y a serlo haciendo el menor daño posible a los que le rodean. Creo que, aun con mi disgusto a cuestas, transigiría, lo aceptaría y me adaptaría a la realidad, que a fin de cuentas es la que manda, porque creo que la persona siempre estará mejor en pareja y a gusto que sola y sin planes de futuro. Respecto a la adopción, tengo mis dudas de que un niño adoptado por dos "mamás” o dos “papás” crezca, se eduque y se desarrolle mental y moralmente como un niño que crece en un hogar heterosexual, pero he de admitir que las encuestas, estudios y demás datos disponibles al respecto parecen desmontar mis prejuicios y mis sospechas, que no tienen, por otra parte, base científica alguna, y que imagino que son fruto de la educación recibida y de mi ideología propia. De todas formas, pienso yo, en mi desasosiego, un niño siempre estará mejor acompañado y en un hogar estable, sea éste hetero o no, que no en un orfanato, en un centro de menores o en algún otro paradisiaco lugar de estos, ¿no?.
En fin, son sólo unas reflexiones. Como comentaba el otro día con alguien que me dejó un comentario en un post anterior, no pretendo ser objetivo ni sentar cátedra acerca de nada. No es ése el objetivo de este blog. Simplemente doy mi opinión y agradezco las discrepancias y las diferencias sin las cuáles este rincón de la Red no tendría sentido. En el tema que hoy nos ocupa, creo que los homosexuales y lesbianas se merecen, cuando menos, la misma oportunidad de la que llevamos gozando los heteros toda la vida: la de experimentar, probar, triunfar o estrellarnos.
actualidad, opinión y desahogos varios


Iñaki dijo
Completamente de acuerdo contigo. Quizás no comparta contigo esos prejuicios de los que hablas porque cuando hablas sobre la educacion recibida lo asumes y ya está. Creo que tu edad te puede permitir ver las cosas de diferente forma a como la educación recibida te ha acostumbrado.
En definitiva si mi hijo que ahora tiene 3 años me dijera en un futuro que es homosexual, el único problema, o llámalo miedo que yo le vería sería el mismo de siempre, la sociedad y su aceptación, pero ningún otro. Y la educación que yo he recibido no creo que difiera mucho de la tuya. Al menos creo que somos de la misma quinta.
Saludos ;-)
1 Julio 2005 | 11:40 AM