
Vaya por delante que a quien esto suscribe las Olimpiadas se la traen bastante al pairo, pero eso no quiere decir que no tenga mis opiniones al respecto acerca de las reacciones que ha suscitado la decisión tomada ayer por el Comité Olímpico Internacional en Singapur.
Uno, en su ingenuidad, piensa que a estas alturas de la peli mundial, todo, prácticamente todo, es política, ya se trate de la elección del Secretario general de la ONU, del Presidente de la Cruz Roja Internacional o del Alto Comisionado para la difusión de la Plastilina de color rosa en el África Central. Y no deja de ser la política la protagonista del caso que nos ocupa hoy. La batalla Londres-París estaba servida, con un Chirac en horas bajas, un Blair presidente del G8 y con inminente presidencia de la UE, una constitución europea tocada del ala gracias, entre otros, a la grandeur, y múltiples factores más en los que no me voy a enredar. Por eso mismo creo que, a pesar de lo bien preparada que estaba Madrid para el evento, el desarrollo de la elección ha sido el esperado y casi, casi, ahora, a toro pasado, el lógico a pesar de la aparente "sorpresa" que dio Londres.
Lo que no termino de entender es la tendencia, tan española, a echar siempre la culpa a "algo" o a "alguien" de todos nuestros males. En concreto, hoy las críticas se centran en la figura de Alberto de Mónaco, alias El Prolífico, por la pregunta que hizo a ZP acerca de los niveles de seguridad que la capital española presentaba, habida cuenta de las últimas y no deseadas actuaciones de ETA por estos lares. Se habla que si del tono y las formas en que se realizó la pregunta y hay quien afirma eso no es propio de un jefe de estado. Yo tengo mis dudas, y si bien creo que Alberto hizo un flaco favor a la candidatura española preguntando lo que preguntó, también creo que precisamente por su condición de jefe de estado estaba obligado a preguntarlo. Y lo mismo diría si en vez de Alberto de Mónaco la interpelación hubiera provenido de el presidente de República de Ghana. Creo que había que preguntarlo, por responsabilidad y porque el hecho de que no se pregunte acerca de algo no quiere decir que ese "algo" no exista y no preocupe a quien tiene a fin de cuentas que velar -o hacer que vela- por la seguridad de los ciudadanos monegascos que puedan desplazarse a una sede olímpica. Otra cosa es que Alberto fuera "pro" Francia o "pro"Ghana, que su derecho a serlo tiene, y valor y cintura se le suponen a la candidatura española para sortear este tipo de obstáculos. Alberto de Mónaco preguntó algo que flotaba en las cabezas de muchos de los asistentes al evento y de otros muchos que sin estar allí queríamos escuchar algo realmente tranquilizador sobre la preparación de Madrid en este aspecto de la seguridad. Sin ir más lejos, Nueva York bien que se cubrió las espaldas y en el transcurso de su discurso se presentó a sí misma como una ciudad segura y preparada "contra los atentados", mencionándolos textualmente, cosa de la que desgraciadamente también saben bastante. Y nadie les preguntó por ello después.
Se critica también la respuesta de ZP a la preguntita en cuestión, que si ha sido floja, que si tenía que haber sido más "dura", etc. Tal vez el idioma del talante no es entendido fuera de nuestras fronteras como sería deseable, pero en mi humilde opininón la respuesta fue floja, ambigua y muy light.
A continuación se habla también de "traiciones" por parte de miembros del COI que habían "prometido" su voto a la candidatura española y que a última hora cambiaron el sentido de su voto. ¿Y qué se puede hacer? ¿de qué vale hablar ahora de traiciones, despistes, etc, e incluso aportar nombres y apellidos? ¿no es acaso la política un sistema de alianzas, pactos, promesas rotas y guerras no finalizadas en el campo de batalla? Porque, hablando de guerra, ayer, en el lugar donde trabajo, a algunos no les faltó más que declarar la guerra a Inglaterra y Francia, al unísono, a cuenta del temita de las Olimpiadas de marras y lanzarse al motín en la Plaza Mayor para restaurar el dañado orgullo nacional...
Por otra parte, no sé si es que algunos periodistas son realmente ingénuos o que a la hora de llenar páginas cualquier excusa vale. En concreto, se publica hoy que Gallardón se pregunta por qué Madrid no recibió los votos de Nueva York. Estupefacto estoy. ¿Alguien puede imaginar que en un mundo globalizado, donde nos guste o no se habla inglés a tutiplén, los yankies iban a dar su voto a otro pudiéndoselo dar a sus "primos" de Inglaterra? ¿Habría dado España su voto a, por ejemplo, Austria pudiendo otorgárselo a, otro ejemplo, Chile? Lo dudo. Han sido muchos años de Samaranch, quien ha tratado siempre de que el mundo hispano y latino cobraran cada vez más fuerza dentro del olimpismo, tarea que es de agradecer y que ha permitido a países como España comenzar a codearse con los "grandes", deportivamente hablando; pero también es comprensible que ahora sean los anglosajones los que quieran volver a recuperar la vara de mando y utilicen para ello sus alianzas y todo su poder. No han hecho nada que en el pasado no hayan pretendido o hayan llevado a cabo otros.
Otro asunto: ese consolarse con el mal ajeno. Ese tener que escuchar "que se jodan los gabachos" o "putos ingleses" (yo ayer lo escuché en unas cuantas ocasiones)...¿a cuenta de qué? A todos los que afirman, incluidos telediarios, que "la gran perjudicada ha sido París", tal vez habría que decirles que París, a fin de cuentas, ha tenido ya dos Olimpiadas, y que posiblemente los más perjudicados sean desde hace años los habitantes de Sevilla, ciudad que tuvo que ver cómo el Comité Olímpico Español dejaba en la cuneta su candidatura -proyectada y soñada mucho antes que la madrileña- para hacer de Madrid la ciudad elegida ¿Y si hubiera sido Sevilla, como en su día Barcelona, la elegida? ¿A quién echaríamos la culpa? porque ayer ya tuve ocasión de visitar rincones de la Red en los que culpaban del desastre a Carod Rovira...
En fin, que la política es la política, el dinero es el dinero, y las naciones fuertes siempre serán eso, naciones fuertes capaces de arrimar cualquier tipo de ascua a su sardina. Y lo de ayer es una prueba más.